Superada la primera noche de insomnio infinito durmiendo cuales prófugas en las calles de Dunedin, decidimos no volver a repetir la aventura y pagar 13$ para poder disfrutar de un descanso psicológico un poco más elevado. Más que nada yo, claro.
Y así amanecimos con energía renovada y con un gran día por delante.
